Si una persona no tiene nombre, no es nadie. Y si una empresa o institución no tiene marca, tampoco.
Para entrar en el imaginario social hay que buscar una etiqueta, una denominación que tenga significado para algo y para alguien. Que actúe como elemento diferenciador del resto.
La marca es el DNI de una compañía, es decir, lo que la identifica y le da existencia en la sociedad. Por eso es tan importante contar con una que sea buena, una marca fuerte que enorgullezca y que le traiga réditos a quien la posee.
Para elegir el nombre de una empresa, bien vale fijarse en algunos aspectos. Una marca no sólo es una palabra, sino también una identidad, un pasado, un presente y un futuro; tiene raíces y cultura.
Asimismo, una marca incluye un diseño visual, una imagen fonética, un símbolo, una palabra inspiradora. ¿Porqué debería su empresa llamarse con un apellido difícil e inentendible? ¿Porqué debería usted ponerle a su negocio el nombre de su perro? ¿Sonaría importante para el resto de las personas?
Para construir una marca es necesario pensar los sentimientos que evoca, las emociones que despierta, los significados que connota.
Una marca puede ser efectiva en una región o en un país, pero puede no ser aceptada en otro por cuestiones culturales, políticas o religiosas.
Lo principal al construir una marca es conocer el negocio, conocer el mercado, tener en cuenta la posible proyección nacional e incluso internacional y, a partir de ahí, pensar en un nombre claro, identificable, fácil de pronunciar y de recordar.
Después será cuestión de aplicarle una identidad visual y de llevar a cabo una buena campaña de comunicación.
Tenga una buena marca y verá cómo todo se hace más fácil.
18.8.06
8.7.06
Comunicación en el rubro entretenimientos
Los que manejan la comunicación de artistas, espectáculos, canales de TV, radios y demás, deben lidiar con un montón de intereses en el intento de cumplir sus objetivos.
Aquí se citan algunos consejos para tener en cuenta a la hora de manejar las RRPP en el rubro entretenimientos:
- Lo primero que hay que hacer es definir los actores que intervienen, los cuales pueden influir directa o indirectamente en nuestras acciones y resultados: empresarios, artistas, agentes de prensa, agencias de publicidad, auspiciantes, gobierno, asociaciones, sindicatos, entidades reguladoras, lobbystas, medios, holding, accionistas, público –que no es lo mismo que audiencia-, profesionales del sector, centros de diversiones (teatros, cines, estadios, museos, etc) y más.
- Luego hay que distinguir cuáles están implicados directamente en lo que hacemos, y qué manera sería la más adecuada para relacionarnos en función de nuestros intereses. Hay que armar una estrategia para establecer, mejorar o modificar el vínculo, el cual que irá cambiando con el tiempo.
- No se debe subestimar a ningún actor, porque incluso los que parecen menos importantes pueden llegar a incidir en nuestros planes y nuestros resultados.
- Poner objetivos y hacer evaluaciones de los aspectos logrados es fundamental para comprobar la eficacia de las acciones de RRPP.
Y para quienes deben lidiar con artistas y estrellas del espectáculo, podemos citar algunas consideraciones más:
- Los artistas tienen sus días buenos y malos. No hay que confiarse de ellos. A veces no tienen ganas de asistir a una reunión, por más que hayan prometido su asistencia. No hay que desesperarse, sino dejar que ellos se hagan cargo de sus propias actitudes.
- Existe una dualidad: por un lado, los personajes famosos dependen de la prensa, pero por el otro la detestan porque no construye la imagen que ellos “desean” –lo cual varía de lo que ellos dicen y hacen, y las cosas que dicen y hacen los demás respecto a ellos-. Esa dualidad es una constante, es una de las reglas del juego y hay que tomarla como tal.
- Los periodistas quieren saber las novedades “ahora” y “en exclusiva”. Si usted no tiene la respuesta en el momento solicitado, la información sale igual con el mínimo dato que tienen en su poder. El resto lo completan según sus intuiciones o proyecciones.
- Los productores de los shows negocian constantemente por retener a las figuras propias y conquistar a las ajenas. La tarea de seducción nunca termina, por más contratos que haya de por medio.
- A los productores les interesa no sólo instalar a su gente en los medios, sino instalarse ellos mismos. Les gusta que se los nombre y que trasciendan sus negociaciones.
- El público admira los artistas, aún cuando sólo los conoce a través de los medios de comunicación. Con datos escasos -proporcionados mayormente por terceros y no por experiencia personal o directa- las personas construyen la imagen de los famosos y les otorgan ciertas cualidades.
- Más allá de pensar bien o mal de los personajes de la farándula, el público termina anhelando en algún aspecto algunas características de los artistas. Desean ser como ellos porque los ven como ideales ya sea en cuanto a su personalidad, estilos de vida, posición económica, actitudes, autoestima y confianza en sí mismos.
Aquí se citan algunos consejos para tener en cuenta a la hora de manejar las RRPP en el rubro entretenimientos:
- Lo primero que hay que hacer es definir los actores que intervienen, los cuales pueden influir directa o indirectamente en nuestras acciones y resultados: empresarios, artistas, agentes de prensa, agencias de publicidad, auspiciantes, gobierno, asociaciones, sindicatos, entidades reguladoras, lobbystas, medios, holding, accionistas, público –que no es lo mismo que audiencia-, profesionales del sector, centros de diversiones (teatros, cines, estadios, museos, etc) y más.
- Luego hay que distinguir cuáles están implicados directamente en lo que hacemos, y qué manera sería la más adecuada para relacionarnos en función de nuestros intereses. Hay que armar una estrategia para establecer, mejorar o modificar el vínculo, el cual que irá cambiando con el tiempo.
- No se debe subestimar a ningún actor, porque incluso los que parecen menos importantes pueden llegar a incidir en nuestros planes y nuestros resultados.
- Poner objetivos y hacer evaluaciones de los aspectos logrados es fundamental para comprobar la eficacia de las acciones de RRPP.
Y para quienes deben lidiar con artistas y estrellas del espectáculo, podemos citar algunas consideraciones más:
- Los artistas tienen sus días buenos y malos. No hay que confiarse de ellos. A veces no tienen ganas de asistir a una reunión, por más que hayan prometido su asistencia. No hay que desesperarse, sino dejar que ellos se hagan cargo de sus propias actitudes.
- Existe una dualidad: por un lado, los personajes famosos dependen de la prensa, pero por el otro la detestan porque no construye la imagen que ellos “desean” –lo cual varía de lo que ellos dicen y hacen, y las cosas que dicen y hacen los demás respecto a ellos-. Esa dualidad es una constante, es una de las reglas del juego y hay que tomarla como tal.
- Los periodistas quieren saber las novedades “ahora” y “en exclusiva”. Si usted no tiene la respuesta en el momento solicitado, la información sale igual con el mínimo dato que tienen en su poder. El resto lo completan según sus intuiciones o proyecciones.
- Los productores de los shows negocian constantemente por retener a las figuras propias y conquistar a las ajenas. La tarea de seducción nunca termina, por más contratos que haya de por medio.
- A los productores les interesa no sólo instalar a su gente en los medios, sino instalarse ellos mismos. Les gusta que se los nombre y que trasciendan sus negociaciones.
- El público admira los artistas, aún cuando sólo los conoce a través de los medios de comunicación. Con datos escasos -proporcionados mayormente por terceros y no por experiencia personal o directa- las personas construyen la imagen de los famosos y les otorgan ciertas cualidades.
- Más allá de pensar bien o mal de los personajes de la farándula, el público termina anhelando en algún aspecto algunas características de los artistas. Desean ser como ellos porque los ven como ideales ya sea en cuanto a su personalidad, estilos de vida, posición económica, actitudes, autoestima y confianza en sí mismos.
15.6.06
¿Relaciones públicas o lobby?
Muchas veces se acusa a los comunicadores y relacionistas públicos de pretender influir en las decisiones ajenas en beneficio de la propia empresa o personaje al que se representa.
Esto tiene que ver con que muchas organizaciones incluyen en su política de “prensa” y RRPP el trato delicado y cordial hacia ciertos públicos, las atenciones especiales, los “regalos empresariales”, las reuniones con funcionarios, los eventos sobre determinada temática, etc. es decir, determinados gestos que pueden ser interpretados como un esfuerzo por lograr un vínculo “demasiado” estrecho con personas claves para la institución.
La existencia de una consultora en comunicación no se fundamenta en la necesidad de informar de manera objetiva lo que hacen los clientes. Sería muy ingenuo pensarlo. Además, la objetividad en sí no existe, es una construcción.
Tampoco podemos caer en el otro extremo de opinar que todo jefe de prensa o relaciones institucionales es un mero lobbysta que se ocupa de conseguir favores, beneficios o contactos en el gobierno, los medios y los sectores empresarios.
Habría que encontrar un término medio.
Hacer comunicación institucional implica varias funciones. Por un lado, tiene que ver con la apelación a distintos públicos. A cada uno se llega de determinada manera, con estrategias distintas. A algunos no se les llega –o se intenta no hacerlo-.
Por otro lado, los intereses propios chocan con los intereses de otros, por lo cual no es cuestión sólo de “hacerse amigo” o de “presionar” a ciertos sectores.
Hay muchos factores que se deben tener en cuenta y hasta el más inocente puede poner el dedo en la llaga y modificar nuestros planes o hacer estallar una crisis.
Hacer relaciones públicas y prensa implica ocuparse de la imagen, de la agenda de los medios, de la agenda de los políticos, de la agenda del público, de la agenda de las empresas y de la agenda de la propia institución.
Hasta el más mínimo detalle puede afectar la propia estrategia. El trabajo de comunicación se realiza en equipo con investigadores, comunicadores, periodistas, empresarios, dirigentes, profesionales, académicos. Y hay que saber coordinarlo.
Esto tiene que ver con que muchas organizaciones incluyen en su política de “prensa” y RRPP el trato delicado y cordial hacia ciertos públicos, las atenciones especiales, los “regalos empresariales”, las reuniones con funcionarios, los eventos sobre determinada temática, etc. es decir, determinados gestos que pueden ser interpretados como un esfuerzo por lograr un vínculo “demasiado” estrecho con personas claves para la institución.
La existencia de una consultora en comunicación no se fundamenta en la necesidad de informar de manera objetiva lo que hacen los clientes. Sería muy ingenuo pensarlo. Además, la objetividad en sí no existe, es una construcción.
Tampoco podemos caer en el otro extremo de opinar que todo jefe de prensa o relaciones institucionales es un mero lobbysta que se ocupa de conseguir favores, beneficios o contactos en el gobierno, los medios y los sectores empresarios.
Habría que encontrar un término medio.
Hacer comunicación institucional implica varias funciones. Por un lado, tiene que ver con la apelación a distintos públicos. A cada uno se llega de determinada manera, con estrategias distintas. A algunos no se les llega –o se intenta no hacerlo-.
Por otro lado, los intereses propios chocan con los intereses de otros, por lo cual no es cuestión sólo de “hacerse amigo” o de “presionar” a ciertos sectores.
Hay muchos factores que se deben tener en cuenta y hasta el más inocente puede poner el dedo en la llaga y modificar nuestros planes o hacer estallar una crisis.
Hacer relaciones públicas y prensa implica ocuparse de la imagen, de la agenda de los medios, de la agenda de los políticos, de la agenda del público, de la agenda de las empresas y de la agenda de la propia institución.
Hasta el más mínimo detalle puede afectar la propia estrategia. El trabajo de comunicación se realiza en equipo con investigadores, comunicadores, periodistas, empresarios, dirigentes, profesionales, académicos. Y hay que saber coordinarlo.
10.6.06
La importancia de comunicar con emoción
Para quien comunica es importante tener en cuenta un aspecto fundamental: las personas somos seres emocionales, por lo cual la emoción influye en lo que interpretamos y en lo que recordamos.
Antes de diseñar un mensaje o un producto, es necesario pensar las emociones que podrá despertar en el público, para lo cual hay que conocerlo muy bien.
Por más prolijo que sea el aviso, el discurso, el mensaje en general, no será efectivo si no despierta tal o cual sensación en la audiencia, y peor aún, si evoca sensaciones negativas.
No olvidemos que la gente tiende a rehusar y a olvidarse de aquello que le trae malos recuerdos o que le desagrada.
Para armar un mensaje que contenga emociones positivas y favorables es necesario primero que el emisor esté “emocionado”, es decir, involucrado, entusiasmado, convencido con el mensaje.
Una vez que esto sucede, a través de diversos recursos estilísticos –como adjetivos, palabras claves, dedicatorias, cambios de tono, etc.- es posible armar una comunicación adecuada.
Emocionarse para emocionar es la clave. De lo contrario, nadie confiará en lo que decimos.
Antes de diseñar un mensaje o un producto, es necesario pensar las emociones que podrá despertar en el público, para lo cual hay que conocerlo muy bien.
Por más prolijo que sea el aviso, el discurso, el mensaje en general, no será efectivo si no despierta tal o cual sensación en la audiencia, y peor aún, si evoca sensaciones negativas.
No olvidemos que la gente tiende a rehusar y a olvidarse de aquello que le trae malos recuerdos o que le desagrada.
Para armar un mensaje que contenga emociones positivas y favorables es necesario primero que el emisor esté “emocionado”, es decir, involucrado, entusiasmado, convencido con el mensaje.
Una vez que esto sucede, a través de diversos recursos estilísticos –como adjetivos, palabras claves, dedicatorias, cambios de tono, etc.- es posible armar una comunicación adecuada.
Emocionarse para emocionar es la clave. De lo contrario, nadie confiará en lo que decimos.
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